Las apuestas on-line superan a La Quiniela

El negocio del juego deportivo en la Red podría alcanzar los 600 millones de euros en 2007 y superar por primera vez a un boleto tradicional que también cotiza al alza.

La humanidad evoluciona desde sus instintos. Porque, si jugar o competir son algunas de las actividades favoritas para el ello freudiano, cuánto más no será apostar por un ganador. Descifrar el futuro, pasión oculta de hasta el más puro entre los mortales, abierta de par en par a timos y engaños, resulta ser ahora modelo ejemplar para el entendimiento del progreso. Pasado y futuro unidos por el estremecimiento de un corazón palpitante sobre el confortable sofá que admira la coexistencia pacífica del papel y la Red, la sonrisa en la opulencia de dos niñas que crecen juntas y unen a jóvenes con ancianos: la Quiniela y las apuestas deportivas en internet.

De momento, la adolescente apuesta virtual ya ha superado a un envite tradicional que parece resistirse al encorvamiento. Los dos crecen, pero saben que no podrán compararse nunca más. En el caso del juego online, el volumen de negocio que se mueve en la red fue cifrado el pasado año natural en 413 millones de euros por la Asociación Española de Apostadores en Internet (Aedapi), situándose a rebufo de la inalcanzable Quiniela, que fijó el listón (colocado a lo largo de la temporada futbolística septiembre-junio) en 518 millones. Sin embargo, fuentes del sector digital aseguran que el tope de internet en 2007 estará muy cerca de los 600 millones de euros, con lo que superaría, al fin, la barrera generacional de la apuesta deportiva.

Y lo hará para no mirar atrás, porque España es el país europeo en el que más crecen las apuestas competitivas, con un 65% en 2006, para situarse como la sexta nación continental en volumen de juego digital, tras Inglaterra, Irlanda, Alemania, Grecia e Italia. La clave de semejante aceptación podría encontrarse, de nuevo, en la frágil condición humana, puesto que la tentación se nos aparece y parece irresistible gracias a una inversión promocional en medios de más de 33 millones de euros.

No obstante, la experiencia no se deja amilanar. La Quiniela ha sabido normalizar el presente y sobreponerse a la crisis que le sobrevino en 2005, debido a la “competencia desleal” que denunció el organismo nacional de Loterías y Apuestas del Estado. Lejos del victimismo público, los números aseguran que la caída de las apuestas tradicionales se debía mayormente al aumento de boletos en que no participaban equipos de Primera División, en cuyas jornadas nunca se alcanzan los nueve millones de euros de recaudación. El otro factor del hundimiento fue la supresión del familiar Pleno al 15, una polémica medida que obligaba a las peñas a triplicar las inversiones y que derivó en una reducción de las apuestas y en la actual rectificación. Una vez asimilado el libre mercado, La Quiniela ha crecido en la temporada 2006-2007 un 12% por jornada, colocándose como la cuarta mayor absoluta en su sexagenaria historia, y el total de sus ventas ha subido un 10%, repartiendo un 29% más de premios con una retribución en número de apostantes de un 5% mayor.

Llegados a este punto, cabe preguntarse si en el nicho caben todos. ¿Se roban los clientes? Puede que un ligero porcentaje de la población apueste en ambas modalidades, pero los perfiles manejados por las empresas desaconsejan la homogeneización del público objetivo. Mientras que el jugador tipo de internet es más profesional y gasta una media de 400 euros al mes, según Aedapi, el quinielista invierte una cantidad muy modesta en boletos sencillos, que suponen más de la mitad, el 56,9%, de los envites tradicionales.

Pese a todo, la batalla de las cifras se libra a día de hoy al margen de la ley, puesto que el imparable negocio de las apuestas en la red, que mueve unos 15.000 millones de euros anuales en el mundo, no cuenta con autorización expresa en nuestro país. Actualmente, en España trabajan 15 compañías digitales, algunas tan importantes como Betandwin (11 millones de clientes en 20 países y patrocinador principal del Real Madrid), que bordean la reglamentación, ya que, al operar mediante servidores ubicados en territorio más permisivo, no existen a ojos de la legalidad.

En la mayor parte de naciones que condenan el juego, el monopolio de las apuestas deportivas es público y estatal, agravio del que se quejan unos operadores condenados a trabajar en paraísos fiscales de la talla de Gibraltar, Austria o Malta.

En España, el pleno de grupos parlamentarios ha acordado recientemente la introducción de una enmienda transaccional con el fin de regular, según la normativa y los principios generales del derecho comunitario, el juego online. Las principales líneas de actuación estarían enfocadas hacia la protección de los menores, de la juventud, de grupos especialmente sensibles de usuarios y de consumidores en especial, así como a la erradicación de amaños deportivos en diversos torneos.

Todo ello para regularizar una realidad y evitar la hipocresía de los políticamente correcto. Puede que, pese a lo que diga Pedro Solbes, no sepamos lo que vale un euro, pero sí sabemos jugárnoslo.

Fuente: La Gaceta de los negocios 18/12/2007

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